Salir físicamente de un país no es lo mismo que dejarlo a efectos fiscales. Muchos nómadas pasan un año fuera y siguen siendo residentes legales en casa, porque nunca establecieron residencia en ningún otro sitio, mantuvieron una vivienda disponible o activaron una prueba de ‘centro de intereses vitales’. Ser residente fiscal de ningún sitio es un mito: en la práctica, siempre habrá un país que te reclame.
La solución no es un truco ingenioso. Es una base deliberada: un país donde eres bienvenido, tributas poco o solo sobre los ingresos locales, y donde puedes acreditar la residencia con los papeles que lo respalden.